domingo, 10 de abril de 2011

1421 - ¿EL AÑO EN QUE CHINA DESCUBRIÓ EL MUNDO?


1421 (El año en que China descubrió el mundo), es el título de un libro muy promocionado como consecuencia de la revelación en 2006 de un antiguo mapa chino que supuestamente estaría basado en un mapamundi de 1418, en el que siete décadas antes de Colón se muestran los contornos de las dos Américas, Australia y la Antártida, continentes que serían circunnavegados por los europeos uno o más siglos después.

El autor de 1421, Gavin Menzies, es un ex-comandante de submarinos británico que ha recorrido cientos de museos y puertos en su labor por reescribir la historia, concluyendo que fueron los buques chinos quienes mostraron a los europeos el camino para llegar a los nuevos continentes. Relata los viajes y los descubrimientos del almirante chino Zheng He (un eunuco como los burócratas de la China imperial de esos tiempos) quien en las primeras décadas de dicho siglo, exploró los mares, llegando hasta las puertas de Europa. ¿Qué hubiera sucedido si los chinos hubieran descubierto América en el siglo XV, cuando el almirante eunuco realizó grandes exploraciones marítimas para el emperador de Pekín, navegando todo el actual océano Índico y entrando en el Atlántico hasta el norte de África, más de medio siglo antes que los portugueses dieran vuelta al cabo de Buena Esperanza? Según el libro, esto sucedió y fue una decisión del emperador chino y su burocracia, la que decidió suspender las expediciones y olvidar lo descubierto. Sin esta decisión política, pudo haberse gestado en esos años un imperio mundial chino, antes que Europa se lanzara a la navegación del Atlántico y los indígenas de América pudieron haber sido súbditos chinos. Es decir que el descubrimiento pudo haber tenido un sentido inverso, de Asia hacia Europa. Las grandes travesías marítimas chinas fueron varias durante las primeras décadas del siglo XV y permitieron al imperio chino ser el que por primera vez tuviera un conocimiento mundial en términos de territorios. Lo que sucedió en China entonces, fue una suerte de "revolución cultural", al estilo de la que más de cinco siglos después lideró Mao Zedong. Una decisión política que combinó razones estratégicas, culturales, religiosas y propiamente políticas llevaron al inmenso país a encerrarse sobre sí mismo (lo que parece una tendencia recurrente en su historia aunque con ciclos que son siglos y no años o décadas como en Occidente) y a dar prioridad a consolidar la unidad nacional, fortalecer las defensas contra los enemigos que acechaban las fronteras terrestres y evitar todo contacto con el exterior, por "contaminante". Los grandes astilleros fueron reconvertidos en fábricas de armas para el ejército y hasta el visionario almirante eunuco fue transformado en general del ejército, muriendo años después olvidado en una guarnición de provincia. Pero la decisión de romper los meticulosos registros de sus expediciones marítimas, mostró una decisión cultural de la burocracia china, que así quiso borrar del imaginario la existencia de otros mundos, para que así los chinos vieran en su imperio todo el mundo conocido ("todo bajo el cielo"). Los historiadores reconocen que en 1421-23 una flota de más de un centenar de barcos partió de China hacia el océano Índico, pero que inmediatamente después de ésta, la mayor travesía marítima hecha hasta entonces, Beijing decidió abandonar su tan costosa empresa navegante para aislarse del mundo exterior. Menzies afirma que dichas embarcaciones no sólo llegaron a la costa oriental africana (tal como es reconocido en los medios académicos), sino que incluso habrían llegado a circunnavegar todos los continentes.

Según el autor de 1421, el 5 de marzo de ese año zarparon de China buques tan grandes como sólo en el siglo XIX se empezaran a construir, llevando a bordo miles de hombres, y además de marineros y soldados, llevaban comerciantes, científicos y funcionarios. Entonces China era la potencia más poblada, avanzada y poderosa del globo. Sus barcos eran varias veces más largos y anchos que las 3 carabelas que tendría Colón en 1492. Sus técnicas de navegación y astronomía eran las más avanzadas de su época. Para Menzies los chinos llegaron a la punta sur africana 66 años antes que los portugueses, descubrieron América 71 años antes que Colón, dieron la vuelta completa al planeta 100 años antes que Magallanes, llegaron a Australia y Nueva Zelanda tres siglos y medio antes que Cook, y bordearon los dos polos con por lo menos cuatro siglos de anticipación a los europeos.

El planteamiento del libro es que decenas de barcos chinos llegaron a las islas de Cabo Verde entre África y Sudamérica, y de allí se dividieron en 3 expediciones, las mismas que se volvieron a reencontrar en China después de recorrer nuevas tierras. La expedición del almirante Zhou Wen llegó a las Antillas y de allí bordeó toda la costa atlántica norteamericana hasta dar la vuelta por el océano Ártico por el norte de Groenlandia, de Islandia y de Asia. Los almirantes Zhou Man y Hong Bao recorrieron Sudamérica desde las Guyanas hasta las islas Malvinas. De allí Zhou Man dió la vuelta al estrecho que Magallanes "descubriría" un siglo después, para recorrer la corriente de Humboldt en la costa pacífica sudamericana hasta el norte de Perú y de allí llegó a Nueva Zelanda y Australia para luego retornar a América, recorriéndola desde California hasta Ecuador y de allí pasar por Filipinas en el retorno a China. Mientras tanto, Hong Bao, llegó hasta la Antártida, para luego bordear los mares australes llegando a las islas Kerguelen (cerca del Polo Sur pero en el mismo paralelo que la India) y de allí subir al norte vía Australia.



Objeciones a la hipótesis de Menzies:

Menzies presenta algunas crónicas de viajeros chinos que muestran haber recorrido Asia o Africa, pero en ninguna de éstas aparecen las Américas o los polos. Sostiene que la mayor parte de los diarios fueron destruidos por orden del emperador. Las rutas que él sugiere se basan en corrientes marítimas y en una particular lectura de cartografías hechas después de 1421. Menzies muestra mapas antiguos donde se trazan los contornos de regiones que formalmente serían descubiertas décadas o siglos después. En el mapa chino de Kangido de 1402 se muestra deformadamente el conjunto de África, en el de Pizzigano de 1424 aparecería Puerto Rico, en el de Fra Mauro de 1459 hay un mejor delineamiento del continente negro, en el de Cantino de 1502 figura la costa occidental sudamericana, en el planisferio de Waldseemüller de 1507 se ve toda la costa de América, Siberia y África, en el de Piri Reis de 1513 se demarca la costa atlántica desde Norteaméricana hasta la Patagonia y la Antártida, en el mapamundi de Jean Rotz de 1542 se delinea toda América central y del sur, la costa atlántica norteamericana, África y el norte de Australia.


Menzies muestra extractos de diarios de los descubridores europeos donde éstos reconocen la utilización de mapas hechos por viajeros y exploradores anteriores. Para él los únicos que tenían la tecnología capaz de haber precedido a los occidentales fueron los chinos, y sostiene que los fragmentos de buques pre-europeos encontrados desde Australia hasta California corresponden a los orientales. Hay algunos vocablos similares entre el Pacífico oriental y el occidental. Muestra similitudes en artesanías Ming con cerámicas mesoamericanas. Recolecta memorias orales de pueblos pre-colombinos que hablan de visitantes que pudieron, aunque no necesariamente, haber sido chinos. Afirma que en Perú o California se encontraron en el siglo XIX pueblos de idioma, rasgos físicos o costumbres chinos que él dice no fueron culíes traídos por los europeos sino pobladores de las colonias provenientes de la expedición de Zhou Man. Conjetura que algunas piedras o construcciones en las Américas tienen origen oriental. Hace 6 siglos los chinos tenían imprentas y acostumbraban a dejar numerosos rastros escritos. Sin embargo, Menzies no muestra ningún vestigio de cualquier carácter alfabético chino en las Américas así como en las numerosas islas, desde las Malvinas hasta la isla de Pascua, que él asegura que los chinos tomaron. Tampoco hay alguna recopilación en escritos o historias gráficas amerindias acerca de una presencia china que, según Menzies, se dio en casi toda la costa panamericana.


Llama la atención que tampoco hay alguna crónica europea o de otro lugar que hable de semejante viaje o que todas las rutas que menciona el autor a las únicas regiones que los chinos eludieron haber llegado es, precisamente, las del mundo cristiano y el Islam, quienes entonces eran las civilizaciones rivales que les pudiesen haber ofrecido excelentes medios de intercambio comercial o cultural. Menzies afirma que crónicas chinas de los años 1420 hablan de los sikhs de la India o de los perezosos gigantes americanos. Sin embargo, Guru Nanak, el fundador del culto sikh nacería 78 años después de 1421 y los descomunales perezosos americanos se extinguieron hace más de 8000 años. Si las propias civilizaciones amerindias no muestran a estos últimos en sus cerámicas menos pudieron haber llegado estas extinguidas bestias de 3 metros de largo al zoológico de Beijing, tal como plantea el autor. Menzies afirma que una de sus pruebas son "bronces y vajillas con inscripciones chinas en Nazca (Chile)". Mas no muestra ninguna de éstas y la cultura Nazca queda en el centro peruano. Para Menzies el hecho que antes que Colón hubiese habido arroz y gallinas asiáticas en las Américas, maíz americano en Asia y papa o camote en la Polinesia o Filipinas solo pudo deberse a navegantes que rodeasen el Pacífico, excluyendo a los polinesios u otros pueblos del pacífico como posibles portadores de éstos. Mientras él afirma que sólo los chinos pudieron haber transportado esos alimentos, y que su gran mérito consiste en haber difundido plantas diversas entre las Américas y Asia, no explica como la soja china (que él describe como uno de los alimentos esenciales de los viajeros) no se extendiera a América.


El tratar de combinar datos sin claros fundamentos ha sido la escuela de otros grandes revisores de la historia, algunos de los cuales hablan de que nuestras civilizaciones fueron precedidas por extraterrestres (por ejemplo Erich von Daniken) o por una cultura desaparecida hace más de diez mil años (la perdida Atlántida). Pese a que muchas de sus afirmaciones no cuentan con evidencia científica, el ex-oficial británico tiene el mérito de lanzar una tesis provocativa que podría tener cierto asidero real, sugiriendo que 6 décadas antes que Colón los portugueses no sólo llegaron a las Azores y Madeira sino también a Puerto Rico. No se puede saber quién proporcionó a los cartógrafos mencionados información tan minuciosa de regiones que los occidentales aún no habían explorado. Sería factible que Colón, Magallanes o Cook no hubiesen sido los verdaderos descubridores de las tierras a las que arribaron o que los asiáticos hubiesen llegado a Australia, o tal vez a las Américas o los polos, antes que los europeos, y que éstos se hubieran "aprovechado" de mapas y conocimientos previos para sus exploraciones. En cualquier caso, siempre es legítimo, y beneficioso para el progreso y la evolución del conocimiento, preguntarse qué pasaría si...

miércoles, 9 de febrero de 2011

LIBROS Y CINE - EL SECRETO DE SUS OJOS

"El secreto de sus ojos" fue probablemente la película del año en 2009 y seguramente sea la mejor película hasta la fecha de su director Juan José Campanella, y eso que es difícil superar a "El hijo de la novia". El magnífico guión corre a cargo de Eduardo Sacheri, autor de la novela en que se basa la película ("La pregunta de sus ojos"), y el propio Campanella. Pocas veces vamos a volver a ver a un Ricardo Darín tan rotundo y a una Soledad Villamil tan bella. Y pocas veces vamos a encontrar reunidas en una misma película tantas emociones, en una mezcla de historias que al final son una sola, una historia de amor a través del tiempo y la memoria.

Momento memorable la escena del juez (atención a los silencios y las miradas entre los distintos personajes en un ejercicio de talento y buen cine...):



El 30 de mayo de 1968 fue el último día en que Ricardo Agustín Morales desayunó con Liliana Colotto, y durante el resto de su vida recordó no solo de qué charlaron, sino también qué tomaron, qué comieron, cuál era el color del camisón de ella y el efecto hermoso que producía un rayo de sol que le daba de costado, en la mejilla izquierda, ahí sentada en la cocina. La primera vez que Morales me lo contó pensé que estaba exagerando. Que no podía acordarse de semejante cantidad de detalles. Pero mi error de apreciación se debió a que todavía no lo conocía bastante e ignoraba que Morales, con esa cara de idiota redomado que tenía, era un tipo de una inteligencia, una memoria y una capacidad de observación como yo jamás en la vida había visto, ni volvería a ver. Había un motivo para que Morales tuviera semejante fidelidad en el recuerdo. Ese hombre recordaba así cada cosa que había tenido que ver con su esposa.
Más adelante, cuando Morales se permitiera hablarme de sí mismo, me tocaría escucharlo describirse como un tipo anodino, grisáceo, con un destino propio de esa criatura. Morales se catalogaba sin compasión como ese hombre que transita la familia, las escuelas y los empleos sin dejar huella alguna en los otros. Nunca había tenido nada bueno, ni nada especial, y siempre le había parecido justo. Así hasta Liliana. Porque ella había sido las dos cosas. Enormemente, lo había sido. Por eso atesoró esa mañana en su recuerdo, y no porque fuera la última. La guardó como había guardado todas las anteriores del año y pico que llevaban casados. Cuando después me contó con lujo de detalles todo lo que había pasado en ese desayuno, no hizo como el común de los mortales, que tratan de reconstruir desde vestigios casi ilusorios, o desde lo que recuerdan fragmentariamente de otras ocasiones similares, situaciones o sensaciones que han perdido para siempre. Morales no. Porque sentía que tener a Liliana era una felicidad abusiva, que nada tenía que ver con lo que había sido el resto de su vida. Y que, como el cosmos tiende al equilibrio, él tendría tarde o temprano que perderla para que las cosas volviesen a su orden debido. Cada uno de sus recuerdos con ella estaba teñido de esa sensación de naufragio inminente, de catástrofe a la vuelta de la esquina.
Jamás se había destacado en nada. Ni en la escuela, ni en los deportes, ni siquiera en la familia había merecido más que algún ocasional elogio por cualidades en el fondo intrascendentes. Pero el 16 de noviembre de 1966 había conocido a Liliana, y con eso había bastado para cambiarle la vida. Con ella, por ella, gracias a ella, él había sido distinto. Desde que la vio atravesar la puerta giratoria del banco, y preguntar a un custodio cuál era la cola para depósitos, y acercarse a la ventanilla cuatro con pasos cortos y firmes, sintió que esa mujer iba a cambiarle la vida. Aferrado a la certidumbre desesperada de que en esa mujer se jugaba su destino, Morales había osado sobreponerse a su timidez, sacarle conversación mientras contaba el dinero, sonreírle con toda la cara, mirarla a los ojos y sostener en ella la mirada, desear en voz alta que volviese pronto, revisar el archivo para averiguar a qué empresa pertenecía la cuenta corriente en la que había depositado, inventar un pretexto para llamar allí y recabar algún dato de esa joven.
Tiempo después, cuando ya podían considerarse oficialmente novios, Liliana le había confesado que esa temeridad, ese metódico arrojo de perseguirla sin resignarse a negativas, le había agradado hasta el punto de decidirla a aceptar finalmente sus invitaciones. Y que al conocerlo mejor, y conocer su timidez, su cortedad, su eterna vergüenza, había entendido más profundamente esa valentía inusual como la mejor prueba de un amor verdadero. Liliana decía que un hombre que es capaz, por el amor de una mujer, de cambiar su forma de ser, es un hombre que merece ser correspondido. Ricardo Morales tampoco olvidó esa conversación, y decidió seguir siendo así para siempre y para ella. Nunca se había sentido digno de nada, y mucho menos de semejante mujer. Pero supo que iba a aprovechar mientras pudiera. Hasta que el hechizo se rompiera y todo volviese a ser ratones y calabazas.
Por todo eso Morales recordaría para siempre que el 30 de mayo de 1968 Liliana tenía puesto el camisón verde agua, y se había recogido el pelo en un rodete sencillo del que escapaban algunas hebras de pelo castaño, y el sol que entraba oblicuo por la ventana de la cocina le daba en la mejilla izquierda y se la encendía y la volvía aún más hermosa, y que habían tomado té con leche y comido tostadas con manteca, y que habían hablado de qué muebles quedarían mejor en la sala, y que él se había levantado de la mesa para traer desde el comedor unos planitos que había estado haciendo para distribuir los muebles de la manera más armoniosa posible, y que ella se había reído de su manía de planificar todo, y lo había mirado profundamente y le había sonreído y le había dicho que no se tomara tanto trabajo con esos muebles viejos, pobrecito, porque más temprano que tarde tendrían que transformar la sala en dormitorio, y él, lento y distraído o mejor, obnubilado en la adoración de esa mujer de otra galaxia, no habría de reparar en la indirecta, aunque sí atinaría a tomarla de la cintura para caminar juntos hasta la puerta de calle, para besarla lentamente en el umbral, para decirle adiós con la mano al salir, sin saber que era para siempre.

Eduardo Sacheri ("La pregunta de sus ojos")

lunes, 7 de febrero de 2011

GARY MOORE & B.B. KING - THRILL IS GONE

Ay...se me van unas lagrimillas...
Descanse en paz Mr. Moore...envidio las fiestas que se pegará con Rory Gallagher y Stevie Ray Vaughan...


lunes, 31 de enero de 2011

IDIR & KAREN MATHESON - A VAVA INOUVA

Idir es el nombre artístico de Hamid Cheriet, cantautor argelino nacido en la región de Kabilia en 1945. Es uno de los máximos exponentes de la música folk amazigh.

A mediados de los 70 logra popularizar "A Vava Inouva", canción cabileña en lengua bereber.

En 1999, Idir graba el álbum Identités, donde colaboran Khalida Toumi, Karen Matheson, Manu Chao, Geoffrey Oryema, Brahim Izri, Thierry Titi Robin, l'Orchestre National de Barbès, Dan Ar Braz, Maxime Le Forestier, Zebda y Gnawa Diffusion, entre otros. Si os gustan las músicas del mundo merece la pena la escucha...

lunes, 10 de enero de 2011

NOSTALGIAS...

Hoy os traigo un puñado de versiones de Nostalgias, uno de los tangos más bonitos que he escuchado. Quizá diréis que son demasiadas, pero como el blog es mío pues...eso.

Para comenzar, una preciosidad interpretada por Diego el Cigala en su último trabajo, Cigala & Tango (2010), una aventura argentina del cantante español. Una delicia siempre (desde que le descubrí con aquellas lágrimas negras).



Y...¿quién cantaba la versión original de este tango? Claro que sí, don Carlos...




Seguimos con una de Calamaro, del 2009. Llegados a este punto debo comentaros una serie de consideraciones...O sea, teniendo en cuenta la Milonga del marinero y el capitán...Sin documentos...Para no olvidar... Todas esas joyas no eclipsan el hecho de que esta versión es una mierda (aunque la banda que acompaña al señor Andrés es fenomenal, incluso el ritmo de la canción es bueno y adecuado, y ese piano...en fin). Es decir, ¿cómo un tipo que ni siquiera era argentino (o sea, don Carlos) dice el tango infinitamente mejor que un tipo argentino? Serán cosas de la vida...




En una entrevista escuché a Buika comentar que había escuchado una versión de Nostalgias cantada por Zsa Zsa Gabor, y que hasta que no se separó no captó completamente el significado de la canción. Buena definición...sobre todo con su voz.



Espero que os haya gustado...

jueves, 6 de enero de 2011

MÚSICA Y CINE - EL ÚLTIMO EMPERADOR (1987)

Música de David Byrne y Riuichi Sakamoto. Dirigida por Bernardo Bertolucci y fotografiada por Vittorio Storaro. 2 horas y media de auténtico arte visual.




miércoles, 5 de enero de 2011

MÚSICA Y CINE - MADAME BUTTERFLY (1995)

Coro a bocca chiusa - Madama Butterfly (Giacomo Puccini). Brillante versión dirigida por Frèdèric Mitterrand.
Se me acaba de quedar la camisa completamente agujereada por las escarpias en las que se han convertido mis pelillos...

domingo, 2 de enero de 2011

MÚSICA Y CINE - EL CARTERO (1994)

Banda sonora de Luis Bacalov.

"Y fue a esa edad... Llegó la poesía a buscarme. No sé, no sé de dónde salió, de invierno o río. No sé cómo ni cuándo, no, no eran voces, no eran palabras, ni silencio, pero desde una calle me llamaba, desde las ramas de la noche, de pronto entre los otros, entre fuegos violentos o regresando solo, allí estaba sin rostro y me tocaba..." (Pablo Neruda)